La gallina de los huevos de oro

En cierta ocasión, existía un granjero que era muy pobre y se llamaba Eduardo, este se pasaba durante todo el día soñando con que iba a ser muy rico. En cierta mañana se encontraba dentro del establo – pues estaba soñando que tenía una gran cantidad de vacas -, cuando de pronto escucho como que lo estaba llamando su mujer.

– Ven Eduardo, mira lo que he encontrado, creo que será el día más maravilloso que hayamos tenido en nuestras vidas.

Cuando se regresó y miro a su mujer, Eduardo comenzó a frotarse los ojos porque no podía creer lo que ella le estaban mostrando. Su esposa se encontraba ahí y tenía una gallina bajo el brazo, pero le mostraba un huevo de oro que tenía forma perfecta en la otra mano. Al momento de ver esto la mujer se estaba riendo y le decía: – No creas que es un sueño, porque es verdad, ahora tenemos una gallina que pone huevos de oro. Debes de comenzar a imaginarte en lo ricos que nos vamos a volver, imagínate pone uno al día, debemos de tratar a esta gallina muy bien.

gallina1Al pasar las semanas, entonces comenzaron a cumplir todos los propósitos que tenían al pie de la letra. Puesto que le llevaban mucha hierba verde de la que estaba creciendo junto al estanque del pueblo, y también en las noches comenzaban a acostar a la gallina en la cama de paja más suave, la habían ubicado en un rincón de la cocina que era muy calientito para que pudiera sentirse lo más cómoda del mundo.

La verdad es que no había ningún día que no pudieran encontrarse con un huevo de oro. Entonces Eduardo comenzó a comprar más tierras y una mayor cantidad de vacas, sin embargo, él sabía perfectamente que no debía de adelantarse tanto, porque aún faltaba mucho tiempo para ser rico.

En cierta mañana aseguro que ya se encontraba demasiado cansado de esperar tanto tiempo, la verdad es que claramente esta gallina está llena de huevos de oro, lo mejor será que podamos sacarlos todos ahora.

gallina2A su mujer también le gustó mucho la idea. Se le olvido completamente lo contenta que estaba el día que habían podido descubrir que tenía un huevo de oro, entonces rápidamente le paso un cuchillo y luego en pocos segundos Eduardo ya había terminado de matar a la gallina e incluso la había abierto.

Se comenzó a frotar los ojos, y no podía creer lo que estaba viendo en esta ocasión. Sin embargo, su mujer tampoco se rio, ya que no encontraron dentro de la gallina a ningún solo huevo. – Eduardo, no puedo creerlo, gimió – ¿Qué fue lo que hizo que fuéramos tan avariciosos?, creo que ahora nunca vamos a poder lograr ser ricos, sin importar el tiempo que esperemos.

Justo desde que paso esto en aquel día, Eduardo ya nunca tuvo la oportunidad de poder volver a soñar con que iba a ser rico en alguna ocasión.