El libro de los animales

León era un chico que soñaba con jugar y disfrutar de las buenas tortas y emparedados que les preparaba su amiga y nana, Felisa, cada tarde. Pero no era un niño cualquiera que soñaba. Con su conejo de arriba abajo, León era el heredero al trono, el próximo Rey de la nación y entre tanto juego y tantos sueños, de pronto llegó el día.

Acompañados de Felisa, dos personas con bastante seriedad llegaron a su casa a comunicarle que luego de un gran esfuerzo, todos sus súbditos habían logrado comprar una corona para el chico y desde ahora sería el Rey de la Nación, el soberano de todos. Se trataba del Primer Ministro y el Canciller. León no cabía de emoción y acompañado, una vez más de su conejo, puso rumbo al castillo en un carruaje arreado por 6 caballos, junto a aquellos dos hombres serios.

El libro de los animalesEntre hurras y vítores León fue recibido por todos y se dispuso a ser coronado. Una vez rey, el chico quiso ir a visitar la biblioteca real, no sin antes  pasar por su casa de juegos donde Felisa le tenía preparado un emparedado de huevos además de una torta de chocolate muy sabrosa.

Ya en la biblioteca y satisfecho con la comida de Felisa, León tomó un libro muy grueso, llamado “El libro de los animales”. El Canciller le aconsejaba no leer nada ya que el Rey anterior tenía conductas extrañas desde que leyó aquellos libros, además de los rumores que corrían diciendo que aquel hombre era mago.

Pero hizo caso omiso y decidió abrir el libro, donde pudo observar un gran pájaro azul, magnífico e imponente, el mismo que salió del libro volando. Ante la sorpresa, pasó de página y sucedió lo mismo con una mariposa.

León estaba enamorado del libro, pero le fue retirado y puesto en el estante más alto.

Más tarde, en compañía de Felisa, le pidió aquel texto y se marchó al jardín donde abrió el libro y apareció un dragón, que volando se escondió en las montañas y comenzó a causar pánico entre los habitantes.

Pasado un día ya había comido a todo el parlamento, por lo que León se dispuso a hablar con el Canciller para pedir consejo y éste le habló de la mantícora, único ser capaz de acabar con el dragón.

Dispuesto a lograrlo, la liberó del libro pero esta se durmió en las caballerizas. También la devoró el dragón y León decidió enfrentarlo, liberó un Pegaso y se fue a buscarlo.

Luego de un gran susto y colaboración del Pegaso para esconderse, León aprovechó el calor y humo en el desierto para idear un plan en el que dejaría salir una palmera del libro. ¡Éxito! El dragón confundió la palmera con León y se volvió a meter en el libro.

Todos liberados comenzaron a adorar a aquel rey que siendo tan joven, fue capaz de enfrentar y vencer al dragón, además de sacarlos de aquel desierto  caliente, una historia que quedó en la memoria de todos los habitantes de aquel reino.