El escondite de Cristina

Había una vez, una hermosa princesita con lindos rizos color chocolate. Esta linda princesita se llama Cristina, es una niña muy alegre, le encanta reírse y jugar. La princesita tenía un escondite único y particular.

Cristina es una niña  muy obediente, disciplinada y organizada. Cuando su mami y su papi le dicen que haga algo, inmediatamente hace lo que le ordenan. Mantiene su bolso escolar organizado y listo para cada día salir a tiempo a su escuela.

La princesita, al igual que todos los días, tenía todo organizado en su bolso escolar, su uniforme limpio y planchado, solo esperaba como de costumbre la merienda hecha por su mami para irse a estudiar, aprender, jugar con sus amiguitos, correr y disfrutar.

El escondite de CristinaCristina sólo tiene un pequeño problema, su cabello es muy rizado y por lo tanto solo se lo puede peinar luego de lavárselo, porque de lo contrario le queda todo desordenado y como una escoba de paja. Sin embargo, cuando no se peina igual su cabello es muy alborotado por los abundantes rizos. Entrando a la escuela, Cristina se encuentra con un niño de muchas pecas.

Muy curioso el niño le pregunta a Cristina: ¿Por qué siempre estás despeinada? Ella se ríe, sin decirle el pequeño problema que tiene si se peinara. Cristina sigue hasta el salón de clases, y la maestra le pide que se siente en un pupitre precisamente al lado del niño curioso de las pecas que le había preguntado sobre su cabello. A Cristina no le agradado mucho la idea,  pero de todas maneras debe de obedecer a la maestra.

Cristina observa inmediatamente el estuche grande que tiene el  pequeño niño pecoso para guardar todos sus lápices. Es muy grande, bello y lleno de  muchos crayones de colores, lápices  y muchas cosas escolares bonitas y nuevas. Cristina quedó tan fascinada con el estuche del niño que quería uno así, pensaba decirles a sus padres que se lo compraran de premio al final del año escolar.

Terminando la clase, el niño le dice a la maestra que le falta su borrador, que no lo consigue en su estuche en donde lo dejó. Todos los niños comienzan a buscarlo por todos lados, pero nadie lo consigue ni saben dónde más buscar. El pecoso mira a Cristina con rabia mientras que ella se está retirando. Como Cristina había mirado tanto su estuche, el niño sospecho ligeramente de ella.

La mamá de Cristina ya estaba llegando por ella a la escuela. Cristina se va a su casa y muy triste se va al baño a verse su cabello en el espejo. Mirándose se dice a sí misma: ¿Por qué tendré éste cabello tan rizado? ¿Por qué todos se ríen de mi cabello? Y mueve su cabello fuertemente con mucha rabia. Al hacer este movimiento con su cabello, cae el borrador del niño pecoso y  recuerda lo ocurrido en el salón de clases y no puede parar de reír. A pesar de todo, se contenta y piensa que su hermosa  cabellera es un escondite seguro y único para todos.