Cuento de la tortuga y la liebre

La liebre solía reírse muchísimo de la tortuga, especialmente por su lentitud al momento de caminar. En cierta ocasión hasta llego a decirle, – No entiendo porque te das la molestia de moverte jejeje –

La tortuga le contesto: – Es verdad que soy muy lenta, pero al final siempre logro llegar hacia donde voy y si quieres te lo demuestro con una carrera. – En serio ¿estas bromeando verdad?, contesto la liebre de una forma muy despreciativa, aunque si insistes podre darte la demostración cuando quieras le dijo ella.

Comenzaba un día lleno de muchísimo calor, entonces todos los animales se presentaron a la gran carrera. De pronto pudimos ver al topo que estaba listo para levantar la bandera y luego comenzó a contar: – Uno, dos, tres y ¡ya!, exclamo.

liebre1Notamos que la liebre salió rápidamente corriendo, y entonces la tortuga se quedó hasta atrás y comenzó a toser entre una gran nube de polvo. Justo en el momento que se echó a andar, ya no se podía ver a la liebre, debido a la velocidad a la que iba.

Sin embargo, llego a tener un gran horror cuando de pronto vio desde lejos que la tortuga le había adelantado muchísimo y se estaba arrastrando poco a poco sobre la línea de meta. ¡La tortuga gano la carrera!, y desde lo más alto de la colina se escuchaba una gran cantidad de aclamaciones y todo tipo de aplausos. – Esto no es justo, dijo la liebre, pues tú has hecho trampa sin duda. Cualquiera se podría dar cuenta que mi velocidad es mayor a la tuya.

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– La tortuga se volvió y la miro muy sorprendida – pero yo ya te dije que yo al final siempre llego, quizás muy despacio pero seguro. – Tonta tortuga pensó la liebre – puesto que en realidad la tortuga apenas saliendo iba. – ¿Para que esforzarme en correr? – pensó la liebre y se echó a descansar.

liebre2Al final se quedó dormida pensando en todo lo que iba a obtener y las exclamaciones de todos por que ganaría.

Por su parte, la tortuga seguía despacio. Todos los animales se aburrieron de la carrera y se fueron a sus casas. La tortuga avanzo y avanzo hasta que de pronto paso junto a la liebre dormida, y seguía pasito a pasito.

De pronto, la liebre despertó y se estiro y miro hacia atrás y dijo, – No hay ni rastro de la tortuga -, y se comenzó a reír. Entonces comenzó a correr nuevamente para poder recoger su premio.

liebre3Sin embargo, sintió mucho horror cuando de pronto vio de lejos a la tortuga que le había adelantado mucho, y que estaba arrastrándose sobre la línea de meta. Hoy si de verdad, “Gano la tortuga” y toda la colina estaba llena de animalitos aplaudiéndole.

– No es justo – dijo la liebre y agrego, todo el mundo sabe que yo corro mucho más que tú.

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Y la tortuga respondió: – Oh, pero yo ya te había dicho, yo siempre llego, despacio pero seguro.